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La Yegüita y la Muñeca Devoción, memoria y figuras que cobran vida en Nicoya

Cada 11 y 12 de diciembre, Nicoya celebra las festividades en honor a Nuestra Señorita la Virgen de Guadalupe. Una de sus expresiones más reconocidas es el Baile de la Yegüita, tradición transmitida de generación en generación desde la época colonial, en la que se entrelazan elementos indígenas y católicos con la música, la danza y la participación comunitaria. Para los nicoyanos, esta danza reviste un carácter sagrado: se realiza únicamente durante las procesiones de esos días y ante la antiquísima imagen de la Virgen.

La celebración se prepara mucho antes de los días centrales de diciembre. El ciclo comienza el 1.º de noviembre con la Contadera de días, una práctica en la que se utilizan granos de maíz para contar cuánto falta para la festividad del 12 de diciembre. En torno a estas fechas, la Cofradía y la comunidad se reúnen también para preparar alimentos y bebidas tradicionales como el atol, la chicha, el chicheme y el tiste, además de organizar la Alborada, las procesiones y otras actividades de la celebración. Muchos de estos saberes se aprenden participando: pasan de las personas mayores a quienes se incorporan a la tradición y asumen nuevas responsabilidades. Así, lo que se transmite no es solo una historia o una figura, sino también maneras de cocinar, celebrar, organizarse y mantener viva una práctica compartida entre generaciones.

La tradición oral conserva distintas versiones sobre el origen de esta festividad. Una de las más difundidas cuenta que dos indígenas se enfrentaban con machetes cerca del cerro de La Cruz, hacia Curime. Ante el peligro, quienes presenciaban la pelea pidieron la intervención de la Virgen de Guadalupe. En ese momento apareció una yegua que, a patadas y mordiscos, consiguió separar a los contendientes y poner fin al enfrentamiento. La comunidad interpretó aquel suceso como una intervención milagrosa de la Virgen, cuyo recuerdo perdura a través del baile.

Durante la celebración, el cuerpo del portador, tradicionalmente denominado primer cargador, da vida a la Yegüita. La figura está formada por una cabeza de caballo tallada en madera, unida a un armazón de bejuco cubierto de tela colorida y provisto de una cola trenzada. La armazón se sostiene con cuerdas sobre los hombros del cargador quien, con sus propios movimientos, hace que la Yegüita baile, se incline, realice reverencias y genuflexiones al compás del tambor y el pito, instrumento que antiguamente podía ser una ocarina de barro.

Frente a la Yegüita baila La Niña o La Muñeca, que con sus movimientos la llama y dirige durante la danza. Si bien las festividades guadalupanas en Nicoya datan de 1544, y la danza se remonta aproximadamente al año 1600, esta pequeña figura de madera fue incorporada a la celebración en 1914, cuando el párroco José María Velazco abolió la representación hecha con personas que se golpeaban y la sustituyó con la muñeca. La figura original, con más de un siglo de historia, es la misma que continúa participando cada año en las celebraciones de la Cofradía de Nicoya. La tradición le atribuye una doble representación: la Virgen de Guadalupe y una mujer de la comunidad indígena que pidió su intervención. Ambas figuras reciben cada año nuevas vestimentas, preparadas especialmente para la celebración del 11 de diciembre. 

Durante la danza, la figura de La Muñeca es cargada por el primer capitán. Esta representa una mujer de tez negra, está articulada y animada mediante un mecanismo de cuerda asociado a una vara o palo vertical que se ata a las manos de la muñeca y le permite subir y bajar al tirar de la cuerda. Desde la perspectiva de las figuras animadas, la Yegüita puede relacionarse con el títere de jinete o caballo de faldón, mientras que La Muñeca es una figura articulada de accionamiento mecánico, emparentada con la muñequería popular.

Un sistema parecido de construcción y movimiento se encuentra en Costa Rica en la Mura de Boruca, protagonista de la Danza de los Negritos. La Mura y la Yegüita pertenecen a tradiciones distintas, cada una con su propia historia y sus propios significados, pero comparten un rasgo particular: el cuerpo de quien porta la figura pasa a formar parte del animal representado. Este principio de animación también puede observarse en figuras ecuestres de otras tradiciones de Centroamérica y América Latina.

Desde tiempos antiguos, las personas hemos buscado distintas maneras de poner las figuras en movimiento. Una mano dentro de un títere, hilos y varillas, una cuerda que acciona un juguete articulado o los engranajes de un autómata permiten algo parecido: que un objeto inmóvil parezca cobrar vida.

Los mecanismos cambian, y también las razones para animar estas figuras. Algunas fueron creadas para jugar; otras, para contar historias, participar en ceremonias, bailar en las calles o provocar el asombro ante una figura que parece moverse por sí misma. Títeres, juguetes articulados y autómatas pertenecen a mundos distintos, pero todos nos llevan a una misma pregunta: ¿qué sucede cuando el movimiento hace que dejemos de ver un objeto y comencemos a percibir un ser animado?

Sin embargo, comprender a la Yegüita y a la Muñeca exige mirar más allá de la manera en que están construidas o cobran movimiento. Son figuras animadas dentro de una práctica ritual y colectiva, ligadas a las personas que las bailan, las acompañan y mantienen viva la tradición. A su alrededor se reúnen la devoción, la música, la danza y la memoria de una comunidad que reconoce en ellas parte de su identidad. La Cofradía y la comunidad nicoyana han sostenido esta celebración a lo largo del tiempo y han hecho posible su transmisión entre generaciones.

La participación de la Cofradía de Nuestra Señorita Virgen de Guadalupe de Nicoya en Figuras Animadas y Memoria Viva permite acercarse a otra dimensión del universo de los títeres. No todas las figuras animadas nacen para un escenario teatral. Algunas pertenecen a celebraciones comunitarias y reciben movimiento directamente del cuerpo de quienes las portan. Cuando bailan, también ponen en movimiento historias, creencias y memorias que una comunidad continúa celebrando.

 

 

Fuentes consultadas: a partir de investigaciones y artículos de La Voz de Guanacaste, SiCultura, el documental “La cofradía de nuestra señorita Virgen de Guadalupe” (de Audiovisuales UNED) y “Las Festividades de Nuestra Señorita La Virgen de Guadalupe” de Mario César Rojas Cárdenas.

Investigación: Kembly Aguilar. 2026

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